jueves, 25 de junio de 2009

Paradigma, paradoja y dualidad en EL BAILE DE LAS LOCAS de Copi

Desplegar la materialidad de la palabra en tanto fuerza significante constituyó uno de los puntos de partida del posestructuralismo en la época de las neo vanguardias. Quebrar la unicidad de la palabra en tanto entidad definida, definible y cerrada era la premisa y esto implicaba golpear el sentido para que se astille en una multiplicidad infinita que convierta el sentido imperante como lógica absoluta y totalitaria en un paradigma a desplegar que permita al lector construir relaciones sintagmáticas de sentido diversas e innumerables. El hecho de dislocar el sentido de su posición céntrica y ponerlo en órbita en la excentricidad junto con otras tantas fuerzas capaces de significar obligaba a su vez a negar la subjetividad indisoluble y única así como su razón cartesiana totalizadora.

Es en este sentido que la subjetividad entra en una nueva crisis existencial. El fragmentarismo subjetivo fomenta la disolución o, cuando menos, la opacidad del individuo que es ahora incapaz de reconocer sus límites con claridad. El individuo sufre una doble crisis de identidad que afecta, en primer lugar a su interioridad al disolver su conciencia y, en segundo lugar, su relación con el mundo y los sujetos circundantes al no poder establecer las fronteras entre ambos con respecto a él. Los personajes de El baile de las locas son en su mayoría producto de dicha crisis estructural. La indeterminación de sus personas hace que en todo momento se dude de que personaje sea el que se presenta en escena a pesar de que su nombre sea explicitado. Las barreras psicológicas se desvanecen y dan paso a un intercambio de personalidades que, constantemente genera indeterminación sobre sus identidades. A lo largo de la novela en la figura del Copi personaje así como en sus antagonistas y personajes secundarios presentes a lo largo del desarrollo íntegro de la trama se dan ciertas crisis del ego que llevan a cuestionar su existencia en tanto entidad única y desplazan su sentido hacia la multiplicidad reduplicada hasta la desintegración de su identidad. La carencia de asideros de índole moral o consciente permite construir libremente la personalidad desde el lado del lector a la vez que la destruye desde la perspectiva del personaje. Esta transferencia de la capacidad nominalizadora de los sujetos es la columna vertebral que articula el desarrollo de la trama a medida que transcurren los capítulos. Copi en tanto autor aclara en las primeras líneas que le es imposible recordar todo lo que él escribe y que, por ello se condena a sí mismo a un eterno comenzar de nuevo[1]. El relato se anticipa como fragmentario desde las primeras diez líneas aunque es inocente considerar que Copi simplemente “olvida” el precedente de su escritura. Considero que en lugar de comenzar de nuevo una y otra vez una historia, abre líneas paralelas de la misma. Ese olvido involuntario puede ser leído como esfuerzo pluralista sumamente consciente pero no explicitado por cuestiones efectistas.

Tanto la trama como los personajes pueden pensarse como una sucesión de cuadros que, si bien se interrelacionan mantienen independencia entre sí, siguiendo el mismo principio constructivo de la historieta, actividad que también Copi desempeñaba. De cualquier forma, los personajes no son islas desiertas naufragando en un mar de irrelevancia sino que se construyen bajo la figura de un archipiélago en tanto entidad fragmentaria unificada bajo algún concepto.

En este punto la novela se puede ver regida por los principios constructivos del paradigma y la paradoja de su realización. En otros términos: de la apertura de un paradigma infinito que abre nuevas relaciones paradigmáticas en lugar de realizarse en un sentido concreto. La discontinuidad de los personajes así como su falta de conciencia respecto de si mismos crea una estructura de cajas chinas argumental que obliga a relecturas constantes de sus precedentes para reidentificarlos. Copi emplea algunos procedimientos recurrentes para lograr este efecto de desplazamiento siendo el más llamativo a una lectura superficial el que presenta la duplicidad de imágenes mediante la cual los personajes comparten nombres y rasgos con correlativos reales externos y ajenos a la novela.

Marilyn Monroe, Miguel Buonarotti y el mismo Copi se duplican en una imitadora, un hippie y un autor amnésico. Si bien a estos personajes se les otorgan rasgos físicos que los acercan a sus modelos, se despoja el nombre de todo sentido al ser desarrollados. La paradoja de que el sujeto se sepa uno pero a la vez conozca sus identificaciones con otro sujeto externo es el resultado del vaciamiento total de sus conciencias hasta tornarse formas despojadas persiguiendo la estetización absoluta. Su real identidad se construye en base a un shock: efecto brutal de impacto y brevedad absoluta, son casi personalidades estridentes y vacuas.

Hay una estética de la imagen priorizada sobre la estética de la idea ya que los efectos ideológicos son diluidos con golpes de humor o intrascendencia. El segundo Buonarotti estudia escultura y recorre museos en Italia persiguiendo una identificación ficticia con el Miguel Ángel de La Piedad. Textualmente el mismo Copi pone en evidencia esta duplicidad indagando si este Michael tendrá idea de la existencia de aquel otro Miguel Angel. Copi también llama a Marilyn por su apellido ficticio Monroe y a continuación se cuestiona el porque de dicha afirmación si nunca antes la había asociado a ese nombre. Ambos personajes son y no son a la vez y se construyen y deconstruyen en base a su imagen reflejo.

El mismo Copi personaje representa en su grado máximo dentro de la novela esta divergencia entre personalidades. La tensión entre sus formas excede la polarización mediante una multiplicidad mucho más amplia. A medida que los hechos van siendo desplegados, Copi se va desdoblando una y otra vez en personajes que tienen más aspecto de ser independientes entre sí que de responder a un único sujeto. Los límites de la conciencia permiten que la interioridad fragmentaria del sujeto, al ser expuesta, lo logré definir como varios individuos diferentes. De esta manera, Copi, en tanto autor toma las formas de narrador y de personaje y, más adelante, se torna asesino y, al finalizar el relato, cambia incluso de género al travestirse. Incluso se puede sumar la tensión entre la figura de Copi y la de la persona detrás del seudónimo (que también es constituida como personaje en una breve aparición de escasas líneas) Raúl Damonte.

Los ataques de amnesia del Copi autor son el nexo entre las correrías del Copi asesino casi parodiando al doctor Jekyll y al señor Hyde. Aunque ambas historias paralelas pueden ser perfectamente vistas como relatos diferenciados. Hay una imposibilidad de auto reconocerse latente. Copi es

Yo. Un dibujante humorístico completamente drogado, enseñan diapositivas de mis dibujos, una foto del café – teatro en que he trabajado de travesti, otra foto vestido de oso en una fiesta, otra mía de pequeño en la playa, ninguna se me parece, por este lado no tengo que temer.[2]

La ambigüedad es el rasgo que destaca en esta cita. Por un lado habla de si mismo en las fotos pero por otro lado ninguna se le parece. ¿Es o no la misma persona? La imposibilidad de reconocimiento puede deberse en todo caso a una imagen erigida como autóctona y significada como entidad independiente de la forma que le dio origen.

Más adelante, en el capítulo X titulado La amnesia ambas personalidades son confrontadas y se resuelven parcialmente en el plano onírico explicando la duplicidad del personaje como una “mezcla de sueño y realidad”[3]. La novela que el personaje en tanto autor creaba es opuesta a la obra del asesino que, sin embargo, constituye la real estructura de la novela.

El último cambio de Copi en la novela se da en el capítulo final y se constituye a través de un cambio genérico no explicitado a nivel del relato sino mediante marcas genéricas. Súbitamente y sin explicaciones el cambio de género se sucede y Copi comienza a ser adjetivado como mujer. El travestismo del personaje es el cierre a un proceso de mutación y redistribución de su individualidad. Es significativo que dicho cambio se produzca sin antecedente alguno ya que quiebra en los últimos párrafos con las ideas anteriores que se habían concebido de él. Las marcas de género terminan confundiéndose aleatoriamente pareciendo ser producto de una traducción intencionadamente confusa y el capítulo cierra con personajes indeterminados hasta en su sexo. En este punto, la falta de definición del relato alcanza incluso el plano gramatical afectando, a través de éste, a la realización semántica de los personajes.

A modo de nota respecto de la duplicidad totalitaria de los personajes, se puede anexar la presencia de los animales en la novela. Aparentemente, la elección de las especies no fue una cuestión fortuita y cada uno de ellos lleva inherentemente un simbolismo asociado a la ambigüedad misma.

Marilyn posee una boa y la serpiente, simbólicamente hablando representa el cambio constante de piel, la renovación absoluta además de estar cargada con connotaciones tanto negativas como positivas dentro de las mismas mitologías. Es el animal ambiguo por antonomasia.

La loba de Michael Buonarotti también está asociada a una especie con un simbolismo ambiguo. Es imagen de fiereza y salvajismo a la vez que fue nodriza de Rómulo y Remo. Incluso el gato de Michelle es un animal imposible de definir en términos más allá de la duplicidad.

La estetización de las imágenes conlleva otra consecuencia de carácter interno para la construcción de los personajes. La sexualidad es también dislocada. La genitalidad se desplaza y es concebida privilegiando estos movimientos de índole casi surrealista. El ombligo de Pierre en tanto zona erógena constituye el ejemplo más evidente de dicha movilidad. Al constituirse como centro de placer y desplazar a su genitalidad anatómica a un lugar secundario trastoca la condición de la libido y construye una sexualidad paralela que reinventa las posibilidades físicas humanas mediante la imagen. Al movilizar la sexualidad la libido se torna una mera imagen y pierde su valor psicológico y físico quedando definida como una superficie sin valor.

La corporeidad presenta constantes contradicciones que jaquean la percepción y la sensibilidad. La interioridad del sujeto es incapaz de proyectarse hacia el mundo con certeza alguna debido a que nunca termina de reconocer su propio cuerpo y las funciones inherentes a él. La amputación de la pierna de Copi da un ejemplo de esta paradoja. Siente al despertar de la operación dolor en su pie pero sin saber aún que ya no existía. Duele y luego se entera de que fue amputado. El cuerpo existe sin resolverse y las crisis de conciencia llevan incluso a mutar su aspecto.

La pierna seccionada es sepultada en un cementerio junto a los padres de Pierre señalando la fragmentariedad del sujeto a la vez que demarca la autonomía creciente de dichos fragmentos. Este doble juego de significaciones subjetivas configura una corporeidad inacabada y pluralista. Surrealista por momentos llegando al punto incluso de invertir imaginariamente la genitalidad de los personajes.

El último factor que funciona como diluyente de la unicidad es el otorgado a la traducción en tanto fuerza capaz de resignificar. La confusión respecto del género de Copi en el último capítulo es una muestra de esto de la que ya he hablado y se puede agregar la traducción intencionadamente errónea de evil por infierno. Si bien la diferencia de sentido entre ambas palabras es más de grado que de esencia, no deja de ser llamativa. Arbitrariamente, se está otorgando a la palabra traducida el poder de la novedad sobre la significación al sacarla del marco cerrado en el que moría al ser vista como mera reflexión del original. Al notar que Copi mismo tradujo sus obras, este detalle es todavía más relevante debido a la intencionalidad autoral implícita de mezclar sentidos en las palabras y decir cosas nuevas mediante la traducción. Traducir era una manera de escribir y de constituir textos nuevos lo cuál no debía ser ignorado a la hora de considerar la capacidad de la novela de irradiar significaciones paralelas o perpendiculares una tras otra. El sentido es siempre forzado a invertirse o travestirse ya sea formalmente o mediante la manipulación del argumento y la trama.

Resumiendo: mediante la configuración de sus personajes Copi consigue evidenciar la falencia del sujeto en tanto universalidad definida a la vez que plantea el problema de la percepción como sensibilidad poco confiable a la hora de recolectar datos del mundo. Sus personajes constantemente se debaten por restaurar su calidad de individuos pero solamente logran fragmentarse más y más. Los sujetos caen en la paradoja que constituye la reduplicación hasta el desintegro. Estos segmentos de personalidad forman un paradigma de significados que es incapaz de definirse sin intervención externa.

La galaxia significante creada mediante el uso de la ambigüedad permite múltiples lecturas y múltiples enfoques y puntos de partida. La novela no se presenta bajo los conceptos tradicionales de temporalidad si es leída de principio a fin en tanto unidad pero, al desgajarla, sus unidades constituyentes se autonomizan para luego volver a quebrarse en fragmentariedades más pequeñas. La pérdida del sentido es cíclica en cada escena y, a la vez, permite al lector plantearse un nuevo paradigma a definir. Nuevas subdivisiones surgen hasta perpetuarse la condición de deconstrucción.

Incluso, puede leerse el mismo título en clave de este concepto. El baile de las locas puede aludir a una puesta en escena en la que cada personaje que comienza en una posición firme y establecida, rotará por el escenario alternando su lugar (en este caso además su forma y comportamiento, incluso su identidad) con los personajes que lo rodean. Además la noción de loca en tanto travesti esclarece aún más esta constante mutabilidad al poner en primer plano el cambio de sexo entendido como cambio de esencia.

Sin embargo, esta pluralidad de sentidos no es admitida por los personajes fácilmente. Ellos se convulsionan ante los cambios que sufren y su adaptación no termina de ser del todo clara. Inclusive en este aspecto la obra es paradójica debido a que si bien da el marco para una infinidad de deconstrucciones renovadoras del sentido, éstas son sentidas como desgarros de la personalidad y por lo tanto causan daño a la figura que las padece. Es la dualidad creada entre el sujeto inminente y la negación a abandonar el modelo precedente.



[1] COPI, El baile de las locas, Barcelona, Editorial Anagrama, 1983. Página 7.

[2] Id. Página 106.

[3] Id. Página 122.

sábado, 30 de mayo de 2009

LXXV - César Vallejo

LXXV

César Vallejo


Estáis muertos.


Qué extraña manera de estarse muertos. Quien-quiera diría no lo estáis. Pero, en verdad, estáis muertos.


Flotáis nadamente detrás de aquesa membrana que, péndula de zenit al nadir, viene y va de crepúsculo a crepúsculo, vibrando ante la sonora caja de una herida que a vosotros ya no os duele. Os digo, pues, que la vida está en el espejo, y que vosotros sois el original, la muerte.


Mientras la onda va, mientras la onda viene, cuán impunemente se está uno muerto. Sólo cuando las aguas se quebrantan en los bordes enfrentados y se doblan y doblan, entonces os transfiguráis y creyendo morir, percibís la sexta cuerda que ya no es vuestra.


Estáis muertos, no habiendo vivido antes jamás. Quienquiera diría que, no siendo ahora, en otro tiempo fuisteis. Pero, en verdad, vosotros sois los cadáveres de una vida que nunca fue. Triste destino el haber sido sino muertos siempre. El ser hoja seca sin haber sido verde jamás. Orfandad de orfandades.


Y sin embargo, los muertos no son, no pueden ser cadáveres de una vida que todavía no han vivido. Ellos murieron siempre de vida.


Estáis muertos.




Reflexión:


Simbolización de la muerte, del muerto, con matices de muerte seguida de redención del símbolo mismo. Es el destino de aquel que escribe vivir en su letra y trasvasar en ella su vida. El espejo es la realidad, el espejo es el símbolo que nos acerca a la realidad, el símbolo es la única manera que tenemos de ser. Redirección del axioma-vida en letras. Reflujo de cadáver. No es una muerte aleatoria ni divina, es una muerte voluntaria, es una muerte cargada de simbolización porque se es poeta. Pero se es poeta en el reflejo del símbolo y la artificiosidad de éste nos corta la sensibilidad mundana. Somos la obra, somos el papel y la tinta, somos aquello del humano que menos humano es. O tal vez aquello que de tan humano ya es divinizante. Deidad del papel, tampoco es humana por más que sea deidad, por más que sea papel. No toca, no palpa, no humedece. No nada, no todo.

Sea como sea, sentimos. Más de lo que cualquiera siente, sentimos hasta el paroxismo del sentimiento. Pero a nadie le interesa lo que un poeta sienta sin hacer poesía. Así somos el no ser.

Resurrección posible. Redención al salir de la hoja. O no. Pero vida doble que queda en la vereda. Se puede tirar de vuelta los dados. Porque el papel nos capturó en esencia, pero la esencia sigue viva. El papel nos cristalizó como cadáveres en el presente que no es presente. Estamos ahí en cada lectura sin estar ahí. Estamos en otro lado. Ahí vivimos, ahí hay obra intrascendente, materia prima de la pluma.

Ahí morimos de vida, Vallejo, y ahí nos sepultamos bajo dos metros y medio de papel de setenta y cinco gramos el metro cuadrado. Papel de obra. Papel de construcción, ese blanco de cuaderno con renglones. Quinientas hojas las resma. Ruido de teclado, birome rodando, pala de sepulturero. Vamos enterrando esa muerte de vida para que los transeúntes tengan una eterna lápida para recordarnos. Poetas, Vallejo. Y acá estamos, todos, tratando de morir como vos moriste setenta y ocho veces en Trilce, dos millones en otras tantas. Morimos siempre de vida. Morimos al alumbrar. Morimos en el entierro. Y curiosamente estamos más vivos que todos. Vivo porque duele, porque ríe, porque todo, porque nada, porque soy, no soy, seré o fui. Porque manifiesto y escribo, porque pregunto a alguien si me ve más muerto que ayer o si acaso tengo otro número de documento con algunos años menos, o más. Vallejo, espero que mi muerte de hoy te sea un grato homenaje a vos, que moriste tantas veces que terminaste muriendo en serio.




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Lord KaNE

30-05-2009

jueves, 28 de mayo de 2009

Acerca de las vanguardias...

Entre la concepción de lo que es en un momento determinado de la historia “nuevo” y “viejo” se establece una relación dialéctica, caracterizada en el siglo XX por la ruptura en tanto modo de articular pasado y presente y armonizarlos para la construcción de cierto paradigma de futuro.

El concepto de “nuevo” vendría de la mano de una re significación de los valores preexistentes. Como buena parte de la vanguardia latinoamericana proclamaba, era necesario un nuevo modo de sensibilidad, una nueva percepción de cara a los objetos antiguos (tradicionales). Este ideal revalorizador se constituía en dos polos: el primero describía una verdad objetiva cambiante a la que la teoría debía adecuarse momento a momento a lo largo de la historia y, por la cual, era necesario definir una nueva perspectiva; el segundo por el cual la nueva percepción creaba a su vez un nuevo objeto. Un nuevo modo de ver, una nueva teoría redefinen necesariamente su objeto por lo que éste cambia radicalmente y se torna, a su vez, novedoso como la sensibilidad que lo acoge.

Lo nuevo es personificado en el siglo XX a nivel estético por los movimientos vanguardistas que Bürger llamó “vanguardias históricas”. La vanguardia a principios del siglo pasado representó el punto de inflexión respecto a la tradición anterior. Buscó romper con la paradoja tradicionalista que, en palabras de Zygmunt Bauman, construía a la vez que condicionaba el pasado. La tradición era entonces el presupuesto de lo que la vanguardia quería establecer como nuevo y el método elegido era la ruptura. Las vanguardias, con su doble caracterización de adelantados elitistas y militantes, surgían de la negación. Su valor era producto de la desvalorización de lo “viejo” entendido como corrupto y vacuo. En tiempos de fuerte agitación revolucionaria, las vanguardias estéticas adoptaban para su trabajo la metodología de la revolución y de la fuerza de choque. No es casual que gran parte de los movimientos de vanguardia artística en Europa se hayan asociado a vanguardias políticas. De hecho, el empleo del mismo término surgido del plano castrense para referirse tanto a política como a estética, sugiere un aproximamiento, especialmente en los planos metodológicos e ideológicos.

La tradición era un constructo hegemonizado que vaciaba las posibilidades de elección de la sociedad que le había dado forma. Sus conceptos se entronizaban en una altura que no daba lugar a refutaciones. Retomo aquí la paradoja de Bauman respecto de la tradición: construye a la vez que condiciona. La tradición surge de un movimiento programático tradicionalista pero, una vez que es alumbrado, se independiza como herencia ineludible y omnipotente. En este caso la tradición produce una fuerte opacidad de la autonomía social. Dicho de otra manera, la misma sociedad opta mediante la tradicionalidad evitar el peso de tomar elecciones como debería hacer si se autonomizara.

Entonces, el dogma de libertad vanguardista buscaba un cambio social que renovara la identidad de los individuos permitiéndoles un mayor alcance electivo. La crisis del modelo tradicional permitió el impulso necesario para que se constituyera su oposición primero teórica y luego de índole pragmática. Esta crisis, en el plano cultural, fue entendida por la vanguardia como el momento en el cual se debía organizar una ruptura sistemática de los cánones estéticos. Primero era necesario derribar lo previo para recién luego construir lo nuevo. Este ideal de destrucción programática vanguardista era inherente tanto a la vanguardia en el arte como en la política. La vanguardia era la fuerza de choque de un grupo selecto, diferencial. Eran, es cierto, movimientos cargados de paradojas que no encontraban respuestas claras pero tampoco era su objetivo a corto plazo la teorización acertada sino que enfocaban sus fuerzas en el ataque contra lo vigente únicamente.

La revolución socialista contaba con una primera etapa en la que una dictadura del proletariado debía gobernar sobre el proletariado para digerir los vestigios del sistema capitalista derrotado y, sobre esta base, liberar a la novísima y libertaria sociedad socialista, libre del peso de las clases dominantes. Pero, si bien proclamaban la libertad socialista como fin, reconocían la necesidad de un primer momento en el que el choque y el autoritarismo sentaran bases nivelando el sistema previo. No se podía pretender que la nueva sociedad surgiera por el simple hecho de demoler la anterior. Lenin y Trotsky tenían esto muy en claro y por esta razón desconfiaban de los movimientos que se erigían como “cultura proletaria” habiendo una distancia temporal demasiado escasa respecto de la toma del poder.

La vanguardia artística, de manera similar, no pretendía dar las bases de un nuevo canon sino que buscaba allanar esas bases mediante la imposición de su “libertad dogmática”. La paradoja que implica una libertad bajo las directivas de los manifiestos se resuelve considerando que el objetivo de su generación no era construir el nuevo arte tanto como si era acabar con el anterior. Su carácter de fuerza negativa así lo demuestra. La vanguardia es un movimiento utópico y evanescente que brilla sólo en el instante en el que explota para luego apagarse y ceder la tarea de construir al futuro siguiente.




By Lord KaNE

lunes, 25 de mayo de 2009

MANIFIESTO PERSONAL Nº1 (de público ausente)

HACER DE LOS SUEÑOS UN MODO DE VIDA.

CREAR UN MUNDO DEL QUE NO VALGA LA PENA VOLVER.

SENTIR CADA FIBRA AGITARSE Y RETORCERSE DE EMOCIÓN.

PENSAR QUE YO SOY EL CAMBIO.

MENTIR PARA DECIR VERDADES.

JURAR QUE VOLVERÉ A HACER "AQUELLO" QUE NO TE GUSTA.

MUTAR EN ASTILLA PERVERSA Y SÁDICA.

ESPOLEAR LOS CABALLOS DE MI LOCURA HASTA QUE YO NO SEA YO.

DESQUICIARME DE INTELECTUALIDAD.

VOMITAR VERDADES.

HACERTE ARDER COMO NUNCA.

MATAR PARA LUEGO RESUCITAR.

REDIMIR PARA CONDENAR.

ESCRIBIR...
PALABRAS
COSAS
GENTE
MUNDO (MI MUNDO)
LO QUE SOY/FUI/SERÉ.





Un nuevo ideal de remoción violenta es la premisa. Ideal que día a día busque sin cansancio el cross a la mandíbula arltiano. Un cross que saque de combate a los espectros que enturbian espíritus. No busco forma, no busco técnica porque de hecho no las poseo. Busco apuñalar la persiana de la emotividad y del instinto. Hacer que con gesto desgarrador, sangres por la herida, lector fortuito. Quebrar cuanta resistencia pueda, esa es la premisa. Ser el lado divertido siempre y en todo lugar porque no hay espectáculo más patético en la vida humana que el representado por un payaso que llora.

Los payasos no lloran. Sé payaso y dejá de llorar. Soy payaso y debo dejar de llorar. No puedo permitir que se me corra la pintura que hará que entre en tu conciencia. La nariz roja de la crítica es mi arma y la cara blanca mi escudo. ¡Payasos del mundo, uníos!







By Lord KaNE
25/05/2009 (día patrio: ¡VIVA LA PATRIA, CARAJO!)

martes, 28 de abril de 2009

GRITOS

Un grito especular de nuestra interioridad. Un grito sordo y altivo como metáfora del sujeto y de su vacuidad. Un grito profanamente sagrado ¿No es acaso liberador? Abrí esa boca pegajosa y grita. Ni palabras ni ideas, grita hasta que la masa sangrienta de tu cuerpo vibre como un diapasón. Grita hasta que te duela, hasta que despiertes, hasta que acabes extasiado. Grita hasta que te sorprenda (y te asuste) lo que salga de vos. Hasta que temas más tu propio rugido callado que la voz enclenque de los que te impugnen. Porque si, es mejor ser demente que estúpido.
Un grito de rebelión y a la vez de obediencia (debida, de vida).
Un grito vocálico sin consonantes que lo atoren en la garganta.
AAAAAAAAAAAAAH! Al viento. Al que lo quiera escuchar y también al que se tape los oídos.
Rebelión, revelación, sorpresa de lo mucho que se dice sin palabras. Como un animal enjaulado, como ese hombre eunuco que se recuerda poderoso, altivo y viril.
Corta el aire, no importa como ni porque. Cortalo hasta que tenga sentido hacerlo. Matarlos a todos con tus alaridos tan combativos como únicos.
Y luego, cuando ya no tengas ni el más apagado hilo de voz disponible, mira a tu alrededor y, ciego, recuerda que gritaste.
En ese momento, lanzate al combate del acero y a la muerte que descarna los huesos.



By Lord KaNE

28/04/2009

domingo, 5 de abril de 2009

Algo

02.58 am. Hacía rato que no escribía nada ni sentía necesidad de hacerlo. Hoy, súbitamente, me encontré con el Word abierto y una mirada perdida escapando por la ventana. Como antaño. Supongo que en cierta manera esto representa un reverdecimiento de aquello que solía tener entre el hígado y los pulmones. O tal vez, sin más ilusión, sea causa de mi insomnio. Sea cual sea el caso, las letras se van apiñando en el blanco y no surgen forzadas, así que espero que al terminar este pequeño viaje algo sea extraído en limpio. Alguna conclusión, moraleja, fábula, lo que cuerno sea. Tan sólo algo. Porque eso necesito: algo. Tan simple. Tan complejo. Tan poco y tanto: algo.

No es la primera vez que trato de definir ese algo. Sin muchos resultados positivos, he de reconocer. Pero trato. Espero que mis esfuerzos en la búsqueda de algo me conduzcan a algún estadio de iluminación interna o aunque sea a una descarga hedonista de autosatisfacción. Tan sólo que algo me dé algo. No es mucho pedir. ¿No es mucho pedir? Sin embargo, algo me ha decepcionado una infinita cantidad de veces y algo se me escapa entre los dedos como arena cada vez que siento que tengo algo. Quiero algo pero a la vez odio algo. ¿Complejo? Puede que si. Aunque yo creo que no, para nada, más bien creo que la simplicidad chorrea de cada poro de ese algo.

Si yo tuviera algo… que extraño. Mis anacolutos nuevamente se alinean esperando algo. Mi irreverencia hacia todo lo que está establecido evoca ese algo lejano. En una época pasada supuse tener todo, pero simplemente me engañaba porque la totalidad era destruida por la búsqueda de ese algo que seguía constantemente implícito en cada rincón. Tuve todo lo que pudiera abarcar con la mirada hasta el horizonte pero lo cambiaba por aquello que estaba a la vuelta de la esquina solamente porque no lo conocía. Después de todo, ¿cómo saber que alguien tiene todo hasta que no tiene nada? Ahora, en blanco, sé que tuve, sé que no tengo, sé que quiero y sé que no quiero. Algo.

Algo que lastima, algo que hace reír, algo que da calor y algo que te enfría hasta sentir dolor en los huesos. Ese señor algo está poniéndose demasiado esquivo. No tiene rostro ni nombre completo: algo es algo. ¿Qué mejor manera de definirlo?

Así y todo lo quiero, lo extraño. Aunque sepa que es ahora irrealizable. Algo implica algo más allá que hará que uno se haga insaciable. Mejor dicho, al asir ese algo, se convierte en una persona, una cosa, una idea, un sentimiento. No es algo. Busco lo indefinible. Busco la búsqueda por buscar. Si se materializa es mundana y todos la tocan y la ven. No es mío. Es público, y sucio. Da asco el toqueteo que sufre. Algo es puro y lejano, lleno de mística y gloria. Algo es fe y creencia de realización. Algo es todo y nada a la vez. Algo es mi nuevo dios.

Después de todo he de creer en algo para no perder lo que queda de alma o espíritu. Si es que queda algo, pero eso es también cuestión de fe. Tengo fe en algo.

Y abrazo esa realidad inasible. Siento que la necesito y que el motor de mis días es su realización. Amo a algo. Lo quiero con todo mí ser. Algo llena mis días y les da sentido. Pero se aleja y no reconozco su cara en cada rostro y seña que observo.

Odio a algo por ser tan lejano. Odio su incapacidad de mirarme de frente y seguir siendo aquello que espero encontrar. Odio que me aburra cada una de sus imitaciones vulgares llenas de populismo barato. Detesto verme defraudado por algo.

Algo me decepciona. Algo me traiciona. Se escapa. No es y es. Me da bronca algo. Trato de buscarlo más todavía y menos parece acercarse. Algo no existe. Crisis existencial por culpa de algo. Brote suicida, la realidad es incapaz de compararse con algo. Corro cabeceando paredes que jamás se caen. Algo las sostiene. Algo está detrás y se esconde. La pared cae y algo se ha cubierto detrás de la siguiente. Me sangra la cabeza y veo todo rojo y distorsionado.

Algo me duele. Adentro, afuera, duele en todas sus variedades humanas. Revienta y quema, golpea y corta. Algo me causa dolor. Algo me causa dolor y pánico. Temo a algo porque me castiga y me hostiga cada segundo.

Algo me hace débil. Me pongo de rodillas adolorido sin creerme capaz de soportar el peso de mi cuerpo. Pero no es hora todavía de rendirse. No he encontrado algo que dé sentido a mi búsqueda.

Por orgullo y honor, algo me levanta de mi suplicio. La frente en alto, el cuerpo avanza. Algo me impulsa y me inmuniza. Soy fuerte nuevamente. Paso a paso me acerco a ese algo fugitivo. ¿Qué más quedaría por hacer? Tanto tiempo ha pasado que es vano encontrar otro objetivo fuera de ese algo ontológico.

Algo me fascina, me devora en sus misterios y me lanza al infinito. Por algo pierdo las ganas de comer y la supervivencia se hace secundaria. Algo me apasiona y hierve mi sangre. Cada día más gris me pongo y cada día más necesito algo. Soy humano, tengo necesidades. Pero solamente de algo. Nada más importa. Todo lo que no sea abarcado por ese algo es olvidado. Explota en pequeñas partículas que se pierden en los recovecos de la memoria rancia que tengo. Olvido mi mortalidad.

Muero por algo. Un día ya estaré demasiado débil como para buscar algo. Seré pasto de buitres. Mis ojos cansados se negarán a abrirse para escrutar otra vez el mundo en busca de algo. En el fin, algo me abandona.

Pero, contra todo lo pensado, puedo ser feliz por algo. Su idea es lo que necesito para que todo el dolor, sufrimiento y pobreza parezcan estupideces tan simples de ignorar y afrontar.

La hora vuela. Los minutos vuelan. Envejezco. Algo que es lejano me dice que debo seguir buscándolo. Aparecerá, lo sé. En algún momento tendrá sentido. En algún momento seré completado por su realidad. Y podré sonreír con razón suspirando por un trabajo bien hecho.

¿Tan difícil es necesitar algo? Yo creo que no… y a la vez, creo que es lo más jodido que nos pasa en la vida.



By Lord KaNE

05/04/2009

jueves, 30 de octubre de 2008

Por la no discriminación del gris

Blanco y negro son verdades absolutas. Pero el gris no es un "matiz": posee el mismo cáracter autónomo y absoluto que tanto el blanco como el negro detentan. Es un segmento más perfectamente delimitado de aquella recta que configura la humanidad y en tanto tal es parte y todo a la vez.

Igual que el blanco... igual que el negro... igual que todos...


Lord KaNE

sábado, 4 de octubre de 2008

Tiempo

El hombre es un conjunto de yuxtaposiciones autorreferenciales. Así como en el lenguaje, su desarrollo es lineal y finito. Del mismo modo que decir o escribir la palabra "vida" implica la sucesión ordenada de los sonidos o grafemas representados como V, I, D y A, la propia vida se significa como una sucesión de marcas, por decirles de alguna manera genérica.

El carácter lineal que corre hacia un punto final es la causa de la obsesión casi absurda por delimitar cada vez más minuciosamente aquello que construimos como el "tiempo". Y es también la causa por la que la noción (definición) de "tiempo" escapa a nosotros al cruzar los límites de ese tiempo-artificio.

Puedo bautizar a la linealidad como gran virtud y cualidad humana. Somos lineales y nos desconcertamos ante la sola idea de ver "los renglones torcidos".

Por eso somos mortales: por nuestra conciencia de línea. ¿Qué es Dios sino la ausencia de tiempo? El concepto de lo eterno es el concepto de lo no-lineal. La perfección divina es la esfera que, desde su centro, es equidistante en cualquier sentido. La mortalidad humana es la sección de una línea dentro de esa esfera.

La predictibilidad de lo recto nos condena entonces irremediablemente. Morimos porque sabemos que vamos a morir y que la línea llega a su fin.

Si somos acaso capaces de desplazar el significado del día de mañana ya seremos desde ese momento capaces de resignificar el total de nuestro tiempo. Tratar de torcer esta línea, tentar al cambio en cada oportunidad es la mejor manera de evadir el final de la línea. Curvar la recta para perseguir el círculo, el cruce de los extremos en donde morir es nacer y viceversa, es nuestra manera de ser dioses.

Seamos, entonces, no convencionales y re-inventemos la humanidad.


By

Lord KaNE

03-10-2008